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Consejos tras el Día Mundial de la Alimentación

Día Mundial de la Alimentación

Coincidiendo con el Día Mundial de la Alimentación, celebrado el pasado 16 de octubre, DKV Seguros reivindicó la importancia de seguir unos hábitos saludables para el mantenimiento de un estilo de vida sano y la prevención de enfermedades. Incluyendo, claro está, nuestro delicioso AOVE.

Y es que, los hábitos alimentarios tienen una influencia determinante en la salud y el bienestar de las personas. De hecho, las enfermedades con una mayor prevalencia entre la población española están asociadas al modo de vida.

En este sentido, actualmente, las desigualdades o disparidades derivadas de los factores socioeconómicos pueden ser uno de los mayores determinantes en la salud de la población.

Según estudios realizados sobre accesibilidad a una alimentación adecuada en España y EE.UU, los precios de los alimentos, la comodidad (debido a los horarios laborales) y el sabor siguen siendo factores decisivos en la elección de alimentos y, los productos ultraprocesados azucarados, que se alejan del patrón de consumo tradicional y ponen en riesgo la salud, son extremadamente baratos, cómodos y muy apetecibles.

Día Mundial de la Alimentación

Más allá de las diferentes corrientes nutricionales y de los debates sobre nutrientes y número de calorías, es importante dar soluciones prácticas y sencillas de comprender para seguir una alimentación saludable.

Las desigualdades o disparidades derivadas de los factores socioeconómicos pueden ser uno de los mayores determinantes en la salud de la población

Por ello, en el manifiesto »Por un consumo responsable de azúcar», de la mano del nutricionista Carlos Ríos, creador del movimiento Realfooding, y el doctor Jesús Vioque, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública, la compañía da unas pautas sencillas basadas, principalmente, en la cultura mediterránea tradicional y las costumbres de generaciones anteriores.

Recuperar la gastronomía mediterránea

Así, se trata de volver al patrón de alimentación mediterránea, tan característico de la zona y que poco a poco se ha ido abandonando, que reúne frutas, verduras, cereales integrales, pescado, legumbres, frutos secos o aceite de oliva. Alimentos mínimamente procesados que han convivido de generación en generación durante siglos.

Y es que, adoptar este patrón podría protegernos de las enfermedades crónicas que hoy se están disparando. De hecho, el estudio Predimed publicado en el New England Journal of Medicine en 2013 demuestra por primera vez a través de un estudio experimental en humanos los efectos beneficiosos de la Dieta Mediterránea, tal y como recoge el manifiesto.

Se trata de volver al patrón de alimentación mediterránea, tan característico de la zona y que poco a poco se ha ido abandonando. Incluyendo, por supuesto, nuestro delicioso AOVE.

Por otro lado, el hecho de tener que preparar uno mismo la comida reduce de una forma exponencial la exposición al azúcar, porque aumenta la conciencia sobre lo que se ingiere. En el pasado, las generaciones anteriores gozaban de buena salud porque no entendían de hidratos de carbono o grasas saturadas, entendían únicamente de alimentos y de cómo combinarlos según su disponibilidad estacional. Y a pesar de hacer preparaciones culinarias de forma puntual ricas en azúcares añadidos, su patrón y sus elecciones diarias eran generalmente saludables, mientras que el azúcar añadido era realmente una excepción, no una regla general como es ahora.

Interpretar bien las etiquetas

No siempre se tiene el tiempo necesario para cocinar y es habitual acabar recurriendo a productos procesados. Para tomar buenas decisiones de compra y escoger »buenos procesados», es clave leer e interpretar correctamente las etiquetas de los alimentos.

Tal y como recoge el manifiesto de DKV, el etiquetado no está diseñado de forma correcta para facilitar una mejor comprensión al consumidor, por lo que se debe acudir a la tabla nutricional y allí comprobar qué cantidad de grasas, proteínas, hidratos de carbono y azúcares contiene por 100 gramos de producto.

Los buenos procesados suelen contener entre dos y cinco ingredientes y, aunque puedan llevar azúcares añadidos, aceites o harinas refinadas, su cantidad es reducida (menor o igual al 10%).

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